La historia
de esta casa, como la de todas las casas y de todas
las familias, es una sucesión encadenada e inacabable
de tristezas y alegrías. Tía Regla la cantó en sus
versos:
"Casa de mis padres
antigua casona.
Breve relicario de mis pensamientos.
Archivo querido de viejas historias.
Amores y glorias..."
Amores y
glorias, gozos y amarguras de los que aquí vivieron y
dejaron el eco lejano de sus palabras, la memoria de
sus hechos y de su caminar en la vida, prendidos en
las esbeltas columnas de mármol del patio, en el
brillante suelo de la galería, en la piedra labrada
del barandal de la escalera, en el azul artesonado, en
el retablo barroco de la capilla, en silencioso y
dormido verde de las vigas del entresuelo, en la caoba
del comedor, en las arañas y lámparas de metal dorado,
en las macetas de albahaca, en los desvaídos colores
de los escudos, en las rejas, en los jazmines del
jardín.
Risas y
llantos, miradas de amor tras los abanicos a medio
vuelo, promesas de alianza y fidelidad, cuentas de
rosario en los temblorosos dedos de las abuelas,
celebraciones nupciales, lágrimas silenciosas,
bautizos, música de pianolas, fiestas galantes en las
estrelladas noches del estío, labores de ganchillo en
las lluviosas y melancólicas tardes otoñales,
discusiones políticas, lecciones de inglés, años de
abundancia, de escasez, de sequías, embarques a
Inglaterra, plantaciones de viñas y cata de vinos
generosos...
Todo ha
pasado por esta morada, por la antigua casa. Todo
volverá a pasar en esta casa de Moreda, solar y cuna
de la familia, con las variantes y cambios lógicos que
trae el paso del tiempo.
Construida
frente al río-mar, ha presenciado el paso de los
siglos imperturbable y serena, blanca y azul,
sintiendo por dentro el latido constante del noble
corazón de los que la habitaron, el vivo espíritu de
esta familia.
Ante ella
pasaron guerras, revoluciones, destronamientos,
restauraciones, movimientos e instauraciones. La
ocuparon los franceses, una orden religiosa, las
turbas de los cantonales...
La
visitaron Infantes, Príncipes, Duques y Magnates...
Alfonso XII la honró con su presencia y probó el vino
de la bodega aledaña que la escanció su amigo Perico
Manjón y Mergelina.
Dos veces
se amplió el jardín: la primera, en tiempos del tío
Perico, derribando una parte de la bodega; la segunda,
la efectuó Pili, demoliendo el resto, con gran acierto
y espléndido resultado. Donde antes dormían y se
criaban las soleras, ahora reverdece el césped,
lozanean los árboles y florecen los rosales, junto a
la piscina y el cenador de arcos.
Concluyo
esta pequeña historia de esta morada con las palabras
del tío Perico: "Sea cual fuere el porvenir que la
Divina Providencia reserve a esta casa, lo escrito es
un poco de historia de más de tres siglos de solera y
abolengo de una familia sanluqueña, que siempre ha
vivido amando a este pueblo".
Texto
leído por el Marqués de Villarreal de Bruniel en el
Acto de Entrega de los Premios a la Conservación del
Patrimonio Histórico, concedidos por el Aula Gerión en
2007
